San Vicente de la Sonsierra revive el polémico rito de los 'Picaos' con 13 disciplinantes
En pleno Jueves Santo, San Vicente de la Sonsierra volvió a ser escenario de un ritual que divide opiniones: los 'Picaos', una tradición que implica golpes y sangre, volvieron a hacerse presentes en una celebración que sigue en marcha desde hace siglos. Trece hombres se sometieron a un acto de penitencia que, para muchos, es un espejo de la fe más extrema y para otros, una práctica que debería dejar de existir.
Este rito, que se remonta al siglo XVI, sigue atrapando a quienes creen en su valor espiritual y a quienes ven en él un espectáculo que no debería tener cabida en la actualidad. La participación de los disciplinantes, que deben cumplir requisitos estrictos, pone de manifiesto una tradición arraigada en la cultura local, pero que también genera controversia y rechazo social.
Para los habitantes de La Rioja, ver cómo tradicionales procesiones con golpes y sangre aún mantienen su vigencia puede ser un golpe a la sensibilidad moderna. En un momento en que la cultura y la tradición deben convivir con los derechos y la dignidad, estas prácticas parecen quedarse en el pasado, pero siguen abiertas en muchas localidades.
Este tipo de celebraciones no solo evidencian una tradición centenaria, sino que también plantean preguntas sobre el respeto a la libertad individual y si estas prácticas siguen siendo aceptables en una sociedad que busca avanzar hacia la igualdad y el respeto. La duda está en qué debe hacer la comunidad: ¿permitir que estas tradiciones sigan viviendo o buscar su fin en favor del bienestar y la sensibilidad social?
Ahora, los ciudadanos afectados y las autoridades deben reflexionar sobre el significado de estas prácticas y su impacto en la percepción social de la cultura riojana. Es momento de dialogar y decidir si, en nombre del patrimonio, se deben adaptar o incluso eliminar rituales que puedan herir sensibilidades modernas. La clave está en encontrar un equilibrio entre tradición y respeto, para que la historia no se convierta en un motivo de división y dolor.