"Todo lo que vivimos tiene contenido emocional, desmontando la idea de la comida emocional"

LOGROÑO, 3 Sep.

El profesor del Máster en Neuropsicología e investigador del grupo 'Neurociencia aplicada a la Educación' de UNIR, Javier Tubío Ordóñez, ha señalado que "la comida emocional no existe como tal", sino que "es un concepto que se ha ido creando porque todo lo que nosotros vivimos o aprendemos acaba teniendo un contenido emocional".

De este modo, Tubío Ordóñez ha respondido -en una entrevista con Europa Press- a la pregunta "¿Por qué cuando pruebo las croquetas de mi abuela mi cabeza vuelve a un momento específico?".

"Suelen ser momentos muy agradables en los que hemos comido algo con un sabor muy concreto. Con el tiempo hemos ido dándoles una interpretación más entrañable, creando un recuerdo de ese momento, y al final lo que queda es una especie de esquema. Cuando volvemos a probar ese alimento también vuelven esas sensaciones y recuerdos que se han asociado a ese sabor", ha destacado.

Tubío ha subrayado que "el contenido de las experiencias que vivimos a través del sentido del gusto es especialmente importante porque en parte de él depende nuestra supervivencia. Que nosotros le demos un contenido emocional hace que el recuerdo que tenemos sobre si algo nos ha sentado bien o mal se consolide mucho más".

"La experiencia que nos llega a través del gusto tiene una consolidación muy fuerte porque imagínate que probamos algo que es nocivo para nosotros y se nos olvida que lo es y lo volvemos a probar, necesitamos que ese recuerdo se consolide, y el cerebro lo intenta dándole una impregnación emocional", ha detallado.

Además, ha expresado que "nosotros no sólo vamos a crear memorias gustativas, olfativas o visuales, si los recuerdos los formamos de una manera multimodal también podemos acceder a ellos a través de cualquiera de los sentidos que han conformado ese recuerdo. Podemos volver a ellos por ejemplo al comer algo".

"Si probamos un sabor de nuestra infancia este nos retrotrae a todo lo que estábamos experimentando en ese momento, pero esto no ocurre todo el tiempo, no tenemos regresiones en cada bocado que damos o cada cosa que probamos", ha añadido.

"Cuando percibimos cualquier cosa a través de uno de los cinco sentidos se sigue una ruta. Por ejemplo el gusto comienza con los receptores en las papilas gustativas, pasa por diferentes zonas del cerebro hasta que llega a la corteza y allí conecta con otras regiones con información que hacen que ese estímulo se relacione con algo que ya se ha vivido antes", ha expresado Tubío Ordóñez.

"Esta ruta del gusto también se conecta con otras zonas como la amígdala, que forma parte del sistema límbico y que modula toda la parte emocional, motivacional, de recompensa o de refuerzo. Con todo ello tiene conexión el sistema del gusto a través de la amígdala. Además de con otras zonas de la corteza que nos hacen discernir si un alimento es bueno o malo", ha señalado.

El docente ha recordado que "en sí la comida ya es un refuerzo. Por ejemplo, a los animales se les puede condicionar con comida porque tiene un valor positivo para ellos. Este sistema límbico de reforzamiento se activa con lo que comemos, esa comida que nos están dando tiene un sabor que para nosotros ya tiene una impregnación emocional".

"Todo nuestro cerebro tiene la capacidad de modular continuamente, pero sobre todo este circuito puede cambiar a lo largo del tiempo e incluso a lo largo del día. Comer algo que para ti puede ser muy positivo, deja de tener ese valor cuando te sacias", ha recalcado.

Sin embargo, el docente de UNIR ha indicado que "hay personas que por cualquier razón no tienen esta capacidad de saciamiento y sobrepasan el consumo normal de comida".

"Esto puede desembocar en un trastorno de alimentación para intentar buscar ese refuerzo que produce la comida y que no les llega, por ansiedad o por lo que sea. Eso se puede convertir en un trastorno alimenticio, si lo único que se busca en la comida es ese reforzamiento", ha concluido.

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